sábado 4 de julio de 2009

Rosendo

“Agradecido”

jueves 2 de julio de 2009

El eslabón pudo nacer en Asia.

La quijada fósil de un primate que vivió hace 38 millones de años cuestiona el origen africano de los antropoides.

Un fragmento de mandíbula con unos pocos dientes hallado en Birmania amenaza con arruinar una de las mayores campañas de marketing de la historia de la ciencia. A mediados de mayo, como si fuera la presentación de Cristiano Ronaldo con la camiseta del Real Madrid, un equipo internacional de científicos anunció en Nueva York el hallazgo de Ida, un primate fósil que vivió hace 47 millones de años en la región de la actual Fráncfort (Alemania).

Aquel ejemplar, perteneciente a una nueva especie, Darwinius masillae, fue vendido por sus descubridores como el equivalente "al arca perdida para los arqueólogos": el ancestro común de humanos y simios. Cuando la comunidad científica se enteró de su existencia, la BBC ya había rodado un documental sobre el fósil y decenas de miles de libros sobre Ida esperaban en la imprenta para ser distribuidos.

Hoy, otro equipo de científicos presenta un nuevo primate fósil que obliga a mirar con desdén al Cristiano Ronaldo de la paleontología. Según los investigadores, la quijada encontrada en Birmania perteneció a una especie de primate antropoide hasta ahora desconocido, Ganlea megacanina, que vivió hace 38 millones de años y cuya existencia, dicen sus descubridores, demuestra que el ancestro común de humanos, monos y simios surgió a partir de los primates asiáticos, no de los africanos como se pensaba hasta ahora.

Hasta fechas recientes, la mayor parte de los científicos creían que los primates antropoides (monos, simios y humanos) aparecieron a partir de otros más primitivos, los prosimios, el grupo al que pertenecen los lémures, característicos de la isla africana de Madagascar.

Sin embargo, una cadena de hallazgos en el sureste asiático hizo que la teoría se tambaleara. Y, en estas, apareció Ida, un fósil que, por sus semejanzas simultáneas con los lémures y los antropoides, devolvió la credibilidad al origen africano de humanos, monos y simios.

Pero el hallazgo del fragmento de mandíbula vuelve a sugerir que el ancestro de los seres humanos era asiático. "Una de las razones por las que creemos que Ganlea es tan próxima a los antropoides es por el inusual desgaste de sus colmillos inferiores", explica a Público el principal autor del estudio, Chris Beard, del Museo Carnegie de Historia Natural de Pittsburgh (EEUU).

Según el investigador, los ejemplares de esta especie utilizaban sus colmillos para hacer palanca y poder abrir la dura cáscara de las frutas tropicales. Este comportamiento, nunca visto en los prosimios, sí es característico de algunos antropoides actuales, como los saki cariblancos, unos monos típicos de las selvas de Venezuela.

Beard, que publica su estudio en la revista Proceedings of the Royal Society B, cree que el fósil birmano oscurece el papel de Ida en el árbol evolutivo humano. "Ida pertenece al linaje de primates que condujo a los lémures, no al que llevó a los humanos".

A juicio de Beard, la separación entre chimpancés y humanos ocurrió en África pero, como demuestran fósiles como Ganlea megacanina, "si nos remontamos en el tiempo, nuestros ancestros comunes vivieron en Asia".
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Extraído de Público

martes 30 de junio de 2009

Crean el mapa de la Tierra más completo.

La Tierra tiene un nuevo mapa, y es el más completo realizado hasta ahora. Con 1,3 millones de imágenes que cubren el 99% de la superficie terrestre, el nuevo mapa digital se podrá descargar de forma gratuita en internet.

El proyecto es fruto de una colaboración entre la NASA y el ministerio de Industria japonés. Las fotografías han sido tomadas con la tecnología Aster por el satélite 'Terra', dedicado a misiones de monitorización y conocido por su papel clave en los estudios sobre proliferación de algas o erupciones volcánicas, según informa la BBC.

"Se trata del banco de datos digital sobre elevaciones y relieves más completo y global jamás realizado", dice Woody Turner, científico de la misión Aster de la NASA. "Será útil para una amplia gama de disciplinas que requieren información sobre elevaciones y terrenos".

Hasta ahora, el mapa topográfico más completo era otro de la NASA, que cubría un 80% de la superficie terrestre. Los resultados eran menos precisos, sin embargo, en ciertas áreas, como los desiertos.

"Los datos globales que proporcionará este mapa será muy útil para los investigadores de una amplia gama de disciplinas que necesitan información geográfica detallada", asegura Turner.
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Extraído de El Mundo

lunes 29 de junio de 2009

El rastro más antiguo de los camellos en Europa.

Un equipo de investigadores españoles ha descrito las primeras huellas fósiles (icnitas) de camello encontradas en Europa, en el yacimiento de La Hoya de la Sima, una antigua cantera localizada en la localidad murciana de Jumilla. Esta especie desconocida hasta ahora y muy similar al camello actual vivió en el Mioceno superior, hace unos 6 millones de años.

La investigación, apoyada por la Fundación Patrimonio Paleontológico de La Rioja, se ha realizado sobre un total de 191 icnitas, pertenecientes a un grupo de entre 10 y 15 individuos.

El estudio comparativo respecto a otras huellas similares demuestra su singularidad, al presentar características nuevas, como un mayor tamaño, contorno trapezoidal, ejes de las almohadillas de los dedos rectilíneos, continuidad de la parte delantera, separación amplia y no terminada en punta de los dedos o inexistencia de surco central, entre otras.

Gracias a la gran cantidad de icnitas y a su buen estado de conservación se han conseguido nuevos datos sobre el comportamiento de las manadas de camélidos y se han confirmado algunas hipótesis sobre sus costumbres gregarias, ya que el conjunto de rastros ofrece una imagen de lo que sería la actividad animal alrededor de la charca que ocupaba el centro de la cuenca durante un parte del Mioceno superior.

Las características y distribución de las huellas analizadas (rastros paralelos que giran a la vez en la misma dirección) corresponden a un grupo de animales que caminaban juntos por una especie de charca salobre. Las pisadas presentan la disposición típica de la forma de andar de los camellos, denominada "amblar", en la que las dos extremidades de cada lado del cuerpo se mueven al mismo tiempo. La dimensión de los pies y la longitud de los pasos denotan que eran individuos adultos de una talla similar entre sí.

En el yacimiento de La Hoya de la Sima se han encontrado también huellas de caballos, antílopes, osos y tigres de dientes de sable.

Variedad de hábitats.

La asociación de Hiparión (caballo de tres dedos), Tragoportax (antílope de tamaño mediano) y Paracamelus (camello) es indicativa de un hábitat abierto y hasta semiárido, mientras que la presencia de Agriotherium (oso) podría indicar la presencia de bosques en las cercanías. Los tigres de dientes de sable (Machairodus) tolerarían una amplia variedad de hábitats como ocurre con los grandes felinos actuales, y por tanto su presencia no aporta mucha información sobre el ambiente que circundaba la charca.

Sin embargo, la presencia del camello confirma con gran precisión la edad Ventiense (en alusión al yacimiento valenciano de Venta del Moro) de las icnitas, ya que este grupo de animales sólo habitó la Península Ibérica durante un breve (en términos geológicos) periodo de tiempo, hace alrededor de 6 millones de años.

La combinación de especies de mamíferos características de espacios abiertos y otras de bosque sugiere la presencia de una gran variedad de vegetación, donde los cursos de agua estarían flanqueados por bosques de ribera, dado que la composición del suelo no favorecería que arraigaran los árboles.

Los mamíferos herbívoros están mejor representados que los carnívoros, tanto en número de rastros individuales como en el número de especies. Además, la disposición en paralelo de muchos de los rastros de herbívoros muestra que estos animales se desplazaban en grupo, indicando un comportamiento gregario como en muchos ungulados actuales que habitan espacios abiertos.

Los rastros de carnívoros, en cambio, corresponden a individuos aislados, lo que no elimina la posibilidad de un comportamiento social en estas especies, pero demuestra que los individuos que dejaron sus huellas en al yacimiento se desplazaban en solitario.

Hasta el momento sólo se habían localizado pisadas similares (aunque pertenecientes a otro género y especie de camélido) en yacimientos de Texas, Arizona, Kansas, California, Wyoming, Dakota del Sur, Nevada, Nuevo México, Turkmenistán y Argentina.

El equipo ha sido dirigido Félix Pérez Lorente, profesor de la Universidad de La Rioja y director científico de la Fundación Patrimonio Paleontológico de La Rioja. La investigación, que comenzó en 1997, se ha publicado en la revista científica Ichnos.
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Extraído de El Mundo

domingo 28 de junio de 2009

La resurrección de Orce.

Tras cuatro años de parálisis, este verano se excavará de nuevo en la cuenca Guadix-Baza La polémica ha dificultado la explotación de uno de los mejores yacimientos de Europa.

En 1982, el paleoan-tropólogo Josep Gibert desenterró cerca de Orce (Granada) un fragmento de cráneo de más de millón y medio de años. Poco después, él y su equipo atribuyeron el fósil a la especie Homo y en 1983 publicaron el hallazgo en Paleontologia i Evolució, la revista del Instituto de Paleontología de Sabadell. El descubrimiento ponía patas arriba las ideas sobre la llegada de los primeros humanos a Europa. Hasta ese momento, el resto más antiguo del continente tenía medio millón de años. En Atapuerca, donde ahora ya hay huesos datados en 1,3 millones de años, sólo se había llegado a los 300.000.

Había nacido el Hombre de Orce. En los medios de comunicación se hablaba de paleoantropología y la región donde se encontró el fósil, deprimida económicamente, vislumbraba días mejores. Pero la fiesta duró poco. Cuando se limpió la cara interna del cráneo para su mejor estudio apareció una cresta no descrita en los tratados de anatomía. Comenzaron las dudas, y muchos de los que habían recibido con alborozo al primer europeo recularon. Entre ellos, Jordi Agustí y Salvador Moyà Solà, los dos investigadores que habían firmado con Gibert el primer artículo sobre el fragmento. El nuevo rasgo hizo pensar a muchos que el Hombre de Orce era, en realidad, un caballo.

En 1995, Gibert organizó un congreso internacional en Granada en el que consiguió el apoyo de científicos como Philip Tobias, uno de los descubridores de Homo habilis o Clark Howell. Sin embargo, en los años siguientes, su posición frente a otros investigadores que trabajaban en Orce y, en particular, ante los responsables de la Junta de Andalucía que deciden quién excava en los yacimientos se fue deteriorando. El conflicto llegó al paroxismo cuando la Administración andaluza inició un expediente sancionador contra Gibert por, presuntamente, haber excavado sin permiso en el verano de 2003 y le impuso una multa de 60.000 euros. Desde entonces, el paleoantropólogo se vio inmerso en un contencioso administrativo con la Junta que le impidió volver a excavar en los yacimientos de Orce hasta su muerte en 2007.

Lastrados por los conflictos por el derecho a trabajar en ellos, los yacimientos de Orce, entre los mejores de Europa según los expertos, no han dado los frutos que se esperan de ellos. Este año, después de cuatro sin excavaciones sistemáticas, la Junta de Andalucía ha anunciado que se volverá a trabajar allí. Entre julio y agosto, un equipo de la administración dirigido por Beatriz Fajardo realizará, con un presupuesto de 60.000 euros, una evaluación de los yacimientos de Venta Micena, Barranco León y Fuentenueva 3. Después, entre septiembre y octubre, con un presupuesto de 200.000 euros, los equipos cuyas solicitudes sean aceptadas por la Junta excavarán en los dos últimos yacimientos.

"El patrimonio que hay allí es impresionante, sabemos que hay presencia humana [en torno a los 1,3 millones de años] por los utensilios líticos y son los mejores yacimientos de fauna del plioceno", afirma Bienvenido Martínez, investigador del instituto catalán de Prehistoria IPHES, uno de los científicos que aspiran a trabajar en Orce este año. "Pero ha habido polémicas que se deberían solucionar", añade. José María Bermúdez de Castro, codirector de Atapuerca, lamenta el potencial desperdiciado por estas polémicas y cree que un reparto equitativo y coordinado es posible. "Mi deseo es que pudiesen trabajar, porque en aquellos yacimientos hay sitio para todos, incluido Luis Gibert", agrega. El hijo del descubridor de Orce, geólogo, parece haber heredado el contencioso de su padre y aún no ha obtenido permiso para trabajar en los yacimientos granadinos. Pedro Benzal, delegado de Cultura de la Junta en Granada, afirma que el hecho de que su padre trabajase allí, "no da más derecho a Gibert". Durante la conversación, Benzal deja caer que Gibert no tiene la titulación necesaria para hacerse cargo de un proyecto y añade un argumento más por el que no pudo trabajar en Orce en el pasado: "Si tú me pones un contencioso, cómo te voy a dar algo".

Exclusión.

Gibert, que trabaja en el Centro de Geocronología de Berkeley, cree que, entre otras cosas, la exclusión de Venta Micena de las excavaciones es una muestra del intento de la Junta de dejarle fuera. "En los próximos meses se van a tomar decisiones que van a determinar lo que suceda en los próximos seis años y creo que sería un error excluirnos", apunta. El alcalde de Orce, Juan José Martínez, también cree que la Junta excluye el yacimiento en el que se halló el cráneo de Orce para no dejar a Gibert un espacio que se merece. Martínez, que se muestra satisfecho por la concesión de 200.000 euros para la campaña de este año, se lamenta de que la Junta siga tomando medidas "extrañas", como publicar las convocatorias para excavar en el Boletín de la Junta de Andalucía algo que "no se hace nunca".

Otra de las decisiones que ha extrañado a los científicos es la de realizar una evaluación en un yacimiento en el que ya se ha trabajado mucho. "El yacimiento está suficientemente contrastado. Puede haber errores en algunos niveles, pero en general ha trabajado allí gente muy buena. Se sabe mucho sobre ese sitio", asegura Bermúdez de Castro. Gibert lamenta que no se pida la información a su equipo, que ha trabajado allí durante años, y asegura que ese trabajo es una pérdida de tiempo y dinero. Otro paleontólogo que prefiere no dar su nombre critica la bisoñez de la directora de la evaluación, que ha principios de este año en actividades de la Junta como becaria de investigación.

Benzal asegura que desde la Junta trabajan para que "la normalidad llegue a Orce" y el yacimiento tenga la relevancia que se merece. Si esto es así finalmente, comenzará a verse en los próximos meses. Veintisiete años después del hallazgo del Hombre de Orce, a los yacimientos donde se encontraron sus restos aún les quedan promesas que cumplir.
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Extraído de Público

sábado 27 de junio de 2009

Michael Jackson

“Beat it” (en directo, 1996)

miércoles 24 de junio de 2009

El instrumento musical más antiguo del mundo.

Desde hace más de un siglo, y especialmente en las últimas décadas, los arqueólogos se han lanzado a una ávida carrera por hallar las evidencias más antiguas de esa delicadeza que se presupone a quienes fueron capaces de hacer arte en la prehistoria. Una vez más, las cuevas alemanas de Hohle Fels, que constituyen una mina arqueológica sin parangón de la cultura auriñaciense (Paleolítico Superior), han aportado nuevas evidencias de que la música era ya una práctica común hace 35.000 años, poco después de que los humanos modernos procedentes de África colonizaran Europa.

Tras unas fructíferas excavaciones llevadas a cabo en 2008 en las cuevas del suroeste de Alemania, Nicholas J. Conard, de la Universidad de Tubinga, y colegas se están enfrentando a la detallada descripción e identificación de grandes tesoros artísticos del Auriñaciense. Tan sólo unas semanas después de describir en Nature la figura femenina tallada en marfil más antigua hasta ahora conocida, salida de Hohle Fels, hoy publican, en la misma revista británica, los hallazgos de varias flautas en las mismas cuevas que se suman a la cada vez más amplia colección de instrumentos musicales, estatuillas y herramientas que han dado estos yacimientos. Las flautas aparecidas en esta región alemana son, de hecho, las evidencias convincentes más antiguas (anteriores a hace 30.000 años) de prácticas musicales humanas.

Funciones sociales.

La cantidad de fragmentos y pequeñas piezas de instrumentos encontradas en la zona junto con restos de animales y herramientas dan cuenta de lo extendida que estaba la práctica musical en el Auriñaciense y de que la música cumplía funciones sociales diversas.

Al tratarse de una tradición ya arraigada hace 35.000 años, los arqueólogos concluyen que la música, como parte de otras expresiones artísticas y simbólicas de la época, contribuyó «al mantenimiento de redes sociales más grandes (...) y por lo tanto a la expansión territorial y demográfica de los humanos modernos en relación con las poblaciones de Neandertales, culturalmente más conservadores y demográficamente más aisladas», dice el artículo.

Las flautas son una reliquia típica de ese periodo, pero lo que distingue al reciente descubrimiento de los anteriores es que una de ellas, hecha con el radio de un buitre leonado, ha sido reconstruida casi al completo a partir de 12 fragmentos. Es, hasta ahora, la reconstrucción más completa de las flautas halladas en estas cuevas, cuyas piezas suelen estar sueltas y sin conexión con otras.

La flauta reconstruida mide 21,8 centímetros de largo y unos 8 milímetros de diámetro. En ella se identifican cinco orificios para colocar los dedos sobre ellos, así como dos hendiduras en forma de «V» en el extremo superior del tubo, por donde los músicos probablemente soplaban. La otra punta de la flauta, el extremo inferior, permanece rota por la mitad del quinto agujero.

Huesos de ave.

A falta de una réplica con la que estudiar mejor sus cualidades musicales, los investigadores han comparado esta flauta con otra hallada anteriormente en las proximidades (en Geissenklösterle), ésta de tres orificios, que produce cuatro notas, más otras tres adicionales según cómo se sople. «Dado que la flauta de tres agujeros produce un rango de notas comparable a muchos tipos de flauta modernos, creemos que la de Hohle Fels ofrece un rango de notas y posibilidades musicales comparables o incluso mayores», escriben en su artículo.

Además de lograr la reconstrucción de la flauta de hueso, los arqueólogos han rescatado de su alijo de Hohle Fels pequeños fragmentos de lo que muy probablemente sean dos flautas de marfil, y una tercera pieza del yacimiento de Vogelherd. Aunque representan sólo piezas aisladas, el marfil aporta siempre más interés a los hallazgos debido a que requiere mucha mayor habilidad por parte del artesano.

A diferencia de los instrumentos con hueso de ave, para fabricar una flauta de marfil es necesario tallar en línea recta una pieza que es por naturaleza corva (como es el colmillo de un mamút). Pero además, para hacer el tubo hueco de la flauta, es necesario hacer un cuidadoso corte vertical de modo que la pieza quede cercenada simétricamente en dos, perforar el marfil para hacer los orificios, cavar el hueco en cada mitad y sellar las dos partes sin dejar aire atrapado ni fisuras.

as flautas pertenecen a un yacimiento arqueológico muy estudiado de los albores del Paleolítico Superior, y los controles de termoluminiscencia y otros métodos indican que son anteriores a hace 35.000 años. Por su parte, la estratigrafía sugiere que podrían tener, incluso, 40.000 años de edad. Una edad nada desdeñable para la música humana.
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Extraído de El Mundo

lunes 22 de junio de 2009

La hembra tenía mano en la prehistoria.

Un estudio indica que el 75% de las impresiones de manos frecuentes en el arte rupestre pertenece a mujeres.

Las impresiones están en todos los continentes y se realizaron de una forma similar durante miles de años desde la aparición de los humanos modernos. Manos grandes y pequeñas, esbeltas y toscas, aisladas o en grupo. Gente de todas las edades participaba en el rito, cualquiera que fuese. Apoyaban la palma contra la pared de la cueva y soplaban sobre ella el pigmento. Miles de años después, sus compañeros de especie se devanarían los sesos tratando de entender el significado de aquel código para el que no hay piedra Rosetta.

Ahora, Dean R. Snow, un investigador de la Universidad del Estado de Pensilvania (EEUU), asegura que ha logrado despejar una de las incógnitas que han ocupado a los estudiosos de las pinturas rupestres durante el último siglo. Después de analizar varias imágenes de manos del Pleistoceno, Snow ha concluido que un gran número de esas impresiones fue realizado por mujeres. Este dato, de confirmarse, proporcionaría información sobre el rol social femenino durante la prehistoria y acabaría con el prejuicio (más presente en la cultura popular que entre los estudiosos) de que los hombres eran los protagonistas del arte de las cavernas.

"En las cuevas que he estudiado, en torno al 75% de las manos pertenecían a mujeres", apunta el arqueólogo estadounidense. Aunque por el momento no ha realizado una reflexión profunda sobre el significado de esta mayoría femenina, Snow cree que al menos el dato parece sugerir "un cierto igualitarismo en aquellas sociedades".

Para distinguir las huellas de hombres y mujeres, Snow, que aún no ha publicado sus resultados en una revista científica, empleó un sistema basado en una teoría del psicólogo John Manning. Según él, sería posible distinguir un hombre de una mujer comparando las relaciones de tamaño entre sus dedos índice y anular: las mujeres suelen tener ambos dedos de la misma longitud, mientras los hombres, de media, tienen más largo el anular.

Apoyándose en la hipótesis de Manning, Snow tomó medidas a un grupo de descendientes de europeos como referencia -las diferencias entre distintos grupos étnicos son aún superiores a las que existen entre hombres y mujeres de la misma etnia- y comparó sus resultados con las imágenes de manos tomadas en varias cuevas europeas.

Dudas sobre el resultado.

Las conclusiones de Snow serían muy relevantes para el análisis de las pinturas del Pleistoceno y las sociedades que las produjeron. Sin embargo, no todos los expertos son tan optimistas sobre la fiabilidad de sus resultados. "En todas las cuevas hay manos de todos los tamaños y la variabilidad es tal, que no ha sido posible llegar a una conclusión definitiva. Se han realizado estudios y no se han obtenido resultados sólidos", afirma José Antonio Lasheras, director del
Museo de Altamira. "A falta de ver el estudio publicado, me despierta dudas bastante serias", añade.

En cualquier caso, Lasheras cree que no hay motivos para creer que las sociedades prehistóricas fuesen machistas ni que los artistas detrás del arte rupestre tengan que ser todos hombres. "La segregación por género o el machismo son relativamente recientes", asevera, "y que nosotros hayamos llegado a minusvalorar algunas actividades que realizan las mujeres no significa que esto haya sido siempre así". "La caza mayor, por ejemplo, era cosa de hombres, pero la aportación al grupo de las mujeres a través de la recolección era aún más importante", concluye.

Dedos, sexo y gays.

Sergio Ripoll, profesor de Prehistoria de la UNED, ve potencial en la técnica empleada por Snow, aunque cuestiona algunos aspectos de su forma de trabajar, en particular en el estudio preliminar de 2006 en el que se basa el que ahora ultima el estadounidense. Ripoll fue uno de los expertos que dio su opinión a Antiquity, la revista que lo publicó. "La teoría de Manning parece ser válida, pero en aquel estudio inicial, Snow utilizaba unas fotografías de una calidad muy baja, descargadas de Internet, sin escalas... Para hacer bien este estudio sería necesario fotografiar todas las manos con la misma escala, a la misma distancia, y comparar el mayor número posible", explica.

El propio Ripoll ha puesto a prueba la teoría de Manning y, al menos entre un grupo de alumnos de la UNED, funciona. "Manning tiene otras teorías, como la que relaciona la longitud del dedo anular y la homosexualidad o el cáncer de mama que parecen poco verosímiles, pero con el sexo parece que puede ser útil", indica.

Desde que se comenzaron a estudiar las pinturas rupestres hace algo más de un siglo, las incógnitas sobre su significado y sus autores se han acumulado. "En las cuevas de Maltravieso [Cáceres], a las manos siempre les falta el dedo meñique. Y no es que faltase, es que lo volvieron a pintar después para ocultarlo. ¿Por qué? No se sabe. En otros sitios se repliegan algunos dedos, pero siempre aparece la primera falange. Posiblemente se trata de un código, pero no somos capaces de entenderlo", explica Ripoll.

La presencia de una mayoría de manos femeninas podría sugerir algo sobre el código, pero muchos científicos dudan de las conclusiones firmes. "Se suele decir que la mujer tenía una presencia importante por las venus, esas tallas de mujeres abundantes que se han encontrado y podían indicar un papel importante de la mujer en la sociedad", explica Marcos García, coordinador de Cuevas Prehistóricas de Cantabria.

"El problema es que todas las teorías pueden llegar a ser válidas", añade. "Hay, por ejemplo, una venus checa en la que se han encontrado huellas dactilares y se ha podido determinar que eran de niño. El problema entonces es saber si el niño fue quien la hizo o quien la utilizó, si era un juguete, o si era un elemento de un rito...".

Arte feminista.

En Chongoni, Malawi, los Chewa pintaron sobre las rocas con técnicas tradicionales hasta bien entrado el siglo XX y han dejado uno de los vestigios más feministas del arte primitivo. "Ese es el único caso conocido de arte rupestre relacionado con ritos con mujeres", apunta Lasheras. El estudio de Snow dibuja un mundo prehistórico en el que las mujeres tenían una presencia mayoritaria en parte del arte rupestre. Confirmar este dato será complicado; desentrañar su significado puede que nunca sea posible.
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Extraído de Público

miércoles 17 de junio de 2009

Gastronomía prehistórica.

Un libro reúne la cocina de los homínidos desde que bajó del árbol hasta que empezó a escribir.

Saboreamos por primera vez carne asada posiblemente después de un incendio en África cuando un grupo de homínidos se adentró en una zona quemada y se topó con el cuerpo abrasado de un animal. «Nuestros antepasados eran oportunistas. Comían lo que podían, así que se dieron un banquete. Seguramente, después notaron que hacían la digestión mejor con aquella carne quemada que cuando la comían cruda. Eso sí, pasaron millones de años antes de que aprendieran a controlar primero y a conservar después el fuego», apunta el biólogo Eduardo Angulo, que acaba de publicar 'El animal que cocina' (editorial 451), un libro dedicado a la prehistoria de la gastronomía, periodo del cual no hay recetarios y todo lo sabemos gracias a los arqueólogos.

¿Cuándo empezamos a cocinar? Angulo, autor del blog 'La biología estupenda', sitúa los inicios de la gastronomía en tiempos de los australopitecos, chimpancés bípedos cuya dieta era parecida a la de sus primos simios que vivían -y siguen haciéndolo- en los árboles. La manipulación de alimentos comienza, en su opinión, cuando hace unos 2,5 millones de años esos homínidos empiezan a romper los huesos de los animales que carroñean para acceder al tuétano. Fue el primer paso de un largo viaje marcado al principio por la necesidad, por el hambre, y que ha derivado en un placer que encuentra su máxima expresión en los restaurantes de alta cocina, a los que los descendientes de aquellos monos bípedos nos referimos como templos del buen comer.

De recolectar a cazar.

Al principio, los nuestros recolectaban y carroñeaban lo que podían, y comían los alimentos crudos o involuntariamente alterados, como en el caso de la carne asada o de la momificada naturalmente. Más tarde, hace unos 2 millones de años, empezaron a cazar y causaron auténticas hecatombes: mataban cientos de caballos, bisontes o elefantes de golpe arrinconándolos en pantanos u obligándolos a tirarse por acantilados. Y, hace unos 11.000 años, comenzaron a domesticar plantas y animales. La ciencia ha permitido saber cuál era la dieta de nuestros antepasados en cada periodo -con más interrogantes cuanto más trás viajamos- mediante el análisis químico de sus huesos y excrementos fosilizados, el estudio de los restos descubiertos en sus 'comedores', el estudio del ajuar y en casos excepcionales, como el de la momia de Oetzi, el examen de sus órganos. «De 'el hombre de los hielos', que vivió hace 5.300 años, conocemos las dos últimas comidas: la más reciente está todavía en el estómago y la más antigua, en el intestino», explica Angulo.

Una cosa, sin embargo, es saber los ingredientes y otra, el modo en que los consumían. «La ciencia nos dice qué comían; yo especulo sobre cómo lo podían comer». Fruto de esta segunda parte son las recetas que, a modo de friso, coronan el texto, que van desde las ensaladas de frutas y los 'tartares' de los tiempos en que todavía no se dominaba el fuego hasta los asados, el pan horneado y las milhojas de épocas más recientes. A diferencia de lo que pasó con su libro 'Julio Verne y la cocina: la vuelta al mundo en 80 recetas' (Edaf, 2005), Angulo no ha probado, hasta el momento, casi ninguno de los platos que presenta en su última obra, con nombres dignos de la nueva cocina, como carne de caballo guisada al aroma de queso rancio, sopa dulce de tapaculos con efectos inmediatos y sorbete de huesos con tuétano en bolsa de cuero.

Ingenio de los ancestros.

El biólogo habla con admiración de la meticulosidad del trabajo de los arqueólogos y del ingenio de nuestros ancestros. Tres insignificantes granos de maíz dieron, por ejemplo, la clave a los prehistoriadores para fechar la domesticación de esta planta en el continente americano hace más de 6.250 millones de años y el análisis de los residuos de las vasijas encontradas en la tumba del rey Midas reveló que, en su banquete funerario, se bebieron vino y cerveza, y se comió cordero cocinado en aceite de oliva acompañado de lentejas.

Después de aprender a dominar el fuego hace unos 700.000 años, el hombre no contó hasta hace unos 11.000, con los útiles cerámicos necesarios para hacer sopas, por ejemplo, y suplió ese déficit tecnológico con ingenio: cocinaba en el estómago de las presas, en sacos de cuero o en agujeros en el suelo, y para calentar el guiso echaba en él piedras calientes puestas antes al fuego. Había, claro, casos exepcionales, como el de la tortuga y las almejas, que vienen con su cazuela de serie.

Angulo recorre en su obra la historia de la gastronomía hasta la publicación del primer recetario conocido, tres tablillas de barro mesopotámicas de hace sólo 3.600 años. Y recuerda que, como dice Juan Luis Asuaga, codirector de las excavaciones de Atapuerca, la larga evolución de la manipulación de alimentos que ha convertido una necesidad básica, comer, en un rito social ha hecho que cada vez apliquemos técnicas mejores a cada vez menos ingredientes, algo de lo que, por fortuna, nos ha venido a salvar la globalización, que ha traído a nuestras mesas productos que hasta hace poco desconocíamos.
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Extraído de Diario Sur

lunes 15 de junio de 2009

Un neandertal bajo las aguas del Mar del Norte.

Las gélidas aguas del Mar del Norte esconden restos de neandertales de hace entre 30.000 y 60.000 años. El fósil de un fragmento del cráneo de un individuo, adulto joven, de esta especie extinta ha revelado que los huesos humanos también se conservan sumergidos durante decenas de miles de años y guardan secretos que pueden ayudar a conocer cómo se movieron nuestros parientes.

El hallazgo tuvo lugar en la costa holandesa en un área conocida como Zeeland Ridges. En la Edad de Hielo, hace unos 500.000 años, ésta era una zona seca, con ríos, valles y lagos, en la que habitaban grandes manadas de mamuts lanudos, rinocerontes lanudos, renos y caballos.

De hecho, el fósil fue localizado entre restos de otros animales y utensilios, como hachas de piedra de hace unos 60.000 años, cuando se dragaba el fondo a unos 15 kilómetros de la costa holandesa. Se trata de un fragmento de la parte frontal y suprarorbital del cráneo, un hueso muy fácil de identificar de los neandertales.

El profesor Jean-Jacques Hublin, del Instituto Max Planck de Alemania, fue el encargado de confirmar que se trataba de un neandertal.El análisis de los isótopos químicos ha revelado también que se trataba de un carnívoro total. Lo que no se ha podido hacer es la datación con carbono del fósil, dado que para ello se debe preservar el colágeno y, según Hublin, había demasiado poco en el hueso.

Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres, que ha participado en este trabajo, está convencido de que en las profundidades del Mar del Norte hay un tesoro del pasado, "y sería maravilloso poder tener la tecnología para ir a buscarlo".
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Extraído de El Mundo

viernes 12 de junio de 2009

Cazadores de conejos de hace 13.000 años.

Seres humanos primitivos de hace unos 13.000 años, al final del Paleolítico superior, tallaban con dibujos las puntas de lanza de hueso que utilizaban para la caza, sobre todo de los conejos, un animal escurridizo y veloz que era muy apreciado en su dieta, pese a las dificultades de su captura.

El yacimiento de Molí del Salt, en Tarragona, ha puesto este año al descubierto un botín de 5.000 nuevos restos fósiles, casi todos de este pequeño mamífero, y las herramientas de piedra hechas con sílex que utilizaron.

"Lo más llamativo son las dos puntas de lanza hechas en hueso encontradas este año, que se suman a las de otras campañas y de las que se fabricaban muy pocas, ya que su producción era compleja. Son dos piezas de entre cuatro y cinco centímetros de largo, que serían herramientas de caza", explica Manuel Vaquero, director del proyecto del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES).

El hecho de que sean talladas en hueso, lo que supone mucho más tiempo de fabricación que las de piedra, apuntan que puede deberse a que tuvieran un significado simbólico que se desconoce.

También han encontrado dos grabados en piedra hechos con sílex, de entre 20 y 30 centímetros de largo, en los que se observan representaciones de animales y motivos geométricos. "Son excepcionales en Cataluña, donde hasta estas excavaciones no había arte de hace más de 10.000 años", añade el paleontólogo. Bajo las incrustaciones que ahora tendrán que desprender se adivinan unas líneas.

Con estos grabados ya son 13 los objetos de este tipo que se han encontrado en Molí del Salt en los últimos 10 años, que es el tiempo que lleva la excavación en marcha.

Riqueza del yacimiento.

El yacimiento es conocido desde los años 50, cuando se encontraron algunas piezas de sílex en el suelo. Fue en los años 90 cuando, durante una visita a la zona, se observó que había un depósito en un abrigo rocoso que podía contener restos paleontológicos.

En 1999 se hizo un sondeo, donde se vio que el depósito llegaba hasta un metro y medio de profundidad, es decir, unos 15.000 años. Comenzó entonces un proyecto científico que, en una década, ha dado ya muchos frutos, aunque sólo se ha trabajado en los primeros 20 centímetros.

Se trataba de un lugar de habitación o campamento al que los humanos primitivos, que eran cazadores y recolectores, acudían a realizar sus actividades cotidianas, como es trabajar la carne y las pieles o preparar sus herramientas. Por ello hay muchos restos fósiles de los animales que comían, sobre todo de conejos, que suponen casi el 90% del total.

Vaquero explica que "hasta hace 40.000 años los humanos no comían este de forma habitual porque su caza requiere una tecnología muy compleja".

Este año, las excavaciones se han ampliado 15 días, desde el 4 de mayo al 12 de junio, debido a la gran cantidad de material que aparece, por lo que los paleontólogos avanzan muy lentamente.
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Extraído de El Mundo

jueves 11 de junio de 2009

China reanuda 24 años después las excavaciones de los Guerreros de Terracota.

Veinticuatro años después, los arqueólogos chinos reanudarán el próximo sábado las excavaciones en la zona de los Guerreros de Terracota, cerca de la ciudad de Xian (provincia de Shaanxi, en el centro del país), informó la agencia oficial de noticias Xinhua.

La primera excavación comenzó en 1978 y finalizó en 1984, y en ella se encontraron 1.087 figuras claves. La segunda se llevó a cabo en 1985, pero se suspendió por razones técnicas. "La excavación en la tercera fosa durará al menos un año", dijo Wu Yongqi, trabajador del museo.

Los especialistas esperan encontrar una figura clave que revele algunos de los misterios del Primer Emperador chino, Qin Shihuang, cuyo mausoleo, aún no abierto por los arqueólogos, se encuentra a unos dos kilómetros del museo de Terracota, en Xian.

"Esperamos encontrar alguna figura como 'el comandante' del enorme ejército subterráneo", señaló Liu Zhancheng, jefe del equipo de arqueólogos del museo. Qin fue el primero en unificar los diversos reinos chinos tras siglos de guerra mutua, y gobernó ese imperio entre los años 221 y 210 a.C.

Según los historiadores, estaba obsesionado con vivir eternamente y se hizo enterrar escoltado por un ejército de 8.000 soldados, músicos, concubinas, oficiales y escribas para que lo acompañara en la otra vida.

Su mausoleo fue descubierto por casualidad por unos campesinos en 1974 y se cree que tardó 38 años en ser construido por 720.000 esclavos. Y es que los guerreros actuales son una parte del ejército que se modeló, pero el resto siguen enterrados en los alrededores del mausoleo, aunque los arqueólogos temen que desenterrarlos dañe irreversiblemente las estatuas.

Cuando el grupo de guerreros que ahora está a la vista de los turistas fue descubierto, en 1974, las estatuas estaban pintadas con vivos colores, pero éstos se volatilizaron en poco tiempo, por el contacto con el aire libre.

Según la prensa china, otro de los grandes retos en la nueva excavación para el equipo de arqueólogos es descubrir el éxito de décadas de preservación de los colores y el mantenimiento de las figuras que están intactas.
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Extraído de El Mundo

martes 9 de junio de 2009

Bernard Vincent: «La Sevilla de las tres culturas es sólo un mito».

“La imagen pacífica de la Sevilla de las tres culturas es un mito que tiene su inicio pasada la Edad Media. Existieron muchos conflictos porque cada una de las comunidades –cristiana, musulmana y judía– estaba convencida de la superioridad de su fe y de poseer la verdad absoluta... por eso eran tan duros los límites de aquella convivencia”. Así se explicaba ayer el célebre hispanista Bernard Vincent, actual director de la Escuela de Estudios Sociales de París, que pronunció ayer en el Alcázar la conferencia La tragedia de los moriscos.

Invitado por el Centro de Estudios Andaluces, con motivo de la celebración del IV centenario de la expulsión de los moriscos de España, a raíz de la firma del decreto por Felipe III, el profesor Vincent analizó “el drama” de una comunidad “que embarcó en los puertos de Sevilla y Málaga sumida en la miseria, sin pertenencias, en condiciones trágicas y extremadamente peligrosas para su integridad física”.

De este modo, el profesor de la Universidad de la Sorbona tachó de “fracaso” la política de asimilación de los moriscos emprendida por la Corona española en el siglo XVI, etapa en que otros países europeos también vivieron un proceso de “confesionalización”. La expulsión de la población morisca, que Felipe III aprobó en 1609, supuso, según Bernard, “una tercera vía entre las otras dos opciones de las que el monarca disponía para abordar la permanencia de moriscos en el territorio español, tras la asimilación”, que Vincent denomina “etnocicio”, y el genocidio.

Sin embargo, entre 1502, cuando la corona española obligó a los mudéjares a convertirse al cristianismo, y 1609, fecha en que decretó su expulsión, la mayoría de esta comunidad “siguió profesando su fe”, ya que los moriscos “no cambiaron sus ideas por el hecho de recibir el bautismo”, dijo. “Algunos autores han querido mitificar esta vía moderada de asimilación comparándola con políticas del siglo XX relacionadas con la integración de las minorías, pero es una equivocación”, dijo el autor, que recordó también el papel que jugó la represión a la población morisca por parte de la cristiana en etapas en que la convivencia entre ambas se tornaba “más conflictiva”, señaló el historiador, que puso como ejemplo “el rumor que nació en Sevilla en 1580, y que se extendió hasta la Sierra de Ronda, de una sublevación de los moriscos en Andalucía. El ejército salió a la calle, junto con la población cristiana, y se produjo una auténtica caza de moriscos”.

Entre 1609 y 1614 salieron de España alrededor de 350.000 moriscos, un hecho “que trajo consecuencias muy negativas para la economía”, finalizó Vincent. “La calidad de su trabajo era un hecho, su profundo saber tecnológico, el arte de la seda y sus conocimientos agrícolas, todo eso salió de España junto a los moriscos, y trajo unas consecuencias gravísimas”.

La necesidad de pertenencia originó la religiosidad humana, según un estudio.

Una antropóloga de The College of William and Mary, en Estados Unidos, ha publicado recientemente un libro en el que se ofrece una interesante y coherente explicación para el origen de la religiosidad en la especie humana. Según Barbara King, la necesidad de pertenencia de los individuos de nuestra especie, y el desarrollo de lazos afectivos individuales y sociales cada vez más complejos, nos llevaron a establecer también conexiones con los ancestros fallecidos, los espíritus de los animales y los “seres superiores”. Por otro lado, a medida que evolucionaron nuestro lenguaje y nuestra cultura, los símbolos y las prácticas rituales comenzaron a jugar un papel más central entre los homínidos, contribuyendo a darle sentido a su mundo. Por Yaiza Martínez.

Un libro de reciente publicación, escrito por la profesora de antropología de
The College of William and Mary, en Estados Unidos, Barbara King, añade una nueva dimensión al debate sobre los orígenes de la religión.

El libro, titulado Evolving God, A Provocative View on the Origins of Religion, parte de los conocimientos de la autora acerca del comportamiento de los grandes simios para explorar el desarrollo de la empatía, la construcción de sentido, el acatamiento de las reglas y la imaginación en estas especies. Todos estos elementos están considerados como los precursores de las religiones.

King establece en su libro que, concretamente, sería la evolución del “sentido de pertenencia”, desde nuestros más antiguos ancestros hasta el homo sapiens, lo que se encontraría en el origen de la religiosidad humana.

Se entiende como “sentido de pertenencia” el grado avanzado de filiación o ligazón existente en un grupo, esencial para la organización y el desarrollo de éste, y también clave en el establecimiento de la identidad de cualquier individuo. Para todo este trabajo la autora estudió a monos y simios de Gabón (Kenya), y del Smithsonian Institution’s National Zoological Park durante más de 20 años.

Intangibles no comprendidos.

Según se explica en la presentación de Evolving God, el estudio de la evolución ha revelado hasta ahora una inestimable información acerca de muchos aspectos del conocimiento y de la culturas humanas, de la fisiología de nuestro cuerpo y de nuestro cerebro, así como del desarrollo de la caza, de la tecnología o de los grupos sociales.

Sin embargo, nos queda aún por alcanzar la comprensión de algunos intangibles de la experiencia humana, especialmente, el de la religiosidad.

Los intentos por descubrir los orígenes de ésta mediante análisis genéticos o mediante la neurociencia han conseguido verter cierta luz sobre este enigma, pero las conclusiones conseguidas hasta ahora son incompletas.

Centrándose en sus propias y extensas investigaciones sobre el comportamiento de nuestros más cercanos parientes entre los primates, Barbara King ofrece una perspectiva holística y comprensible de porqué y cómo la religión llegó a desarrollarse.

Relaciones complejas y espiritualidad.

King se centra en cómo los grandes simios, nuestros ancestros, y los humanos modernos se relacionan unos con otros social y emocionalmente, y traza el aumento de la complejidad de la comunicación a lo largo del curso de la evolución.

Así, demuestra que, con el incremento de nuestra capacidad cerebral, el alcance y la naturaleza de los lazos socio-emocionales se transforman. Inicialmente, se producen las relaciones interpersonales, que posteriormente se convierten en relaciones grupales (familias y comunidades).

Después, se producen las conexiones con los ancestros fallecidos, los espíritus de los animales y los “seres superiores”.

El relato de todo este desarrollo se inicia en Evolving God hace más de seis millones de años, cuando vivieron nuestros más antiguos predecesores (que compartimos con otros primates); continúa a través de todo el periodo del Neandertal y de la Edad de Piedra; y culmina con la aparición de las primeras religiones, en el seno de las primeras sociedades humanas.

Necesidad de pertenencia.

Según la autora, sería la necesidad terrenal de pertenencia -nuestra búsqueda del sentido de pertenencia- lo que condujo a la aparición de la imaginación religiosa humana, y a la necesidad de relación con los dioses, los espíritus o un solo Dios.

Las pruebas que presenta King son tomadas de los resultados de las investigaciones más recientes en primatología, que demuestran que una vez que los animales son capaces de crear lazos emocionales y presentan empatía cognoscitiva, están listos para desarrollar ciertos intangibles, como la creencia en algo mayor que ellos mismos.

Tal y como puede leerse en el capítulo uno de Evolving God, publicado por la revista Metanexus, los lazos emocionales, la necesidad del sentido de pertenencia y en, definitiva, el profundo deseo de estar conectados con otros, son elementos que compartimos con otros primates y explicarían el porqué los humanos hemos evolucionado hasta convertirnos en simios espirituales: los simios con un cerebro más desarrollado, los simios erguidos, y también los primeros que crearon arte y que concibieron la idea de Dios.

El sentido de pertenencia implica obtener sentimientos positivos de las relaciones personales con nuestra familia y amigos, con nuestros colegas o las personas de nuestra comunidad. Incluso estas relaciones pueden llegar a extenderse a algunos animales. Compartir con otros nuestra vida mejora enormemente la calidad de ésta.

Nuestros ancestros sufrieron profundos cambios en su capacidad emocional que los alejaron de sus propios ancestros simios hace entre seis o siete millones de años. Otras transformaciones tuvieron lugar hace unos 10.000 años, con el inicio de las comunidades agrícolas y los asentamientos humanos.

A medida que nuestro lenguaje y nuestra cultura se hicieron más complejos –como consecuencia de una mayor capacidad de relación-, los símbolos y las prácticas rituales comenzaron a jugar un papel más central entre los homínidos, contribuyendo a darle sentido a su mundo. Así, la necesidad natural de nuestra especie del “sentido de pertenencia” provocó la aparición y el desarrollo de la imaginación religiosa.
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Extraído de Tendencias 21

lunes 8 de junio de 2009

La religión sería el fruto de una imaginación evolucionada.

Maurice Bloch, antropólogo francés que trabaja en la LSE de Londres desde 1968, ha publicado un artículo en la revista especializada Philosophical Transactions of the Royal Society B en el que explica el fenómeno religioso desde una nueva perspectiva: la imaginación. La religión sería el fruto de una imaginación evolucionada y exclusiva de nuestra especie, que nos permite generar relaciones con lo trascendente e invisible, según Bloch. Así, generamos lo que denomina “lo social trascendental”, un fenómeno por el que podemos seguir los códigos idealizados de conducta asociados a las religiones. Para Bloch, además, cuando nos damos cuenta de la omnipresencia de lo imaginario en lo cotidiano, no queda nada especial que explicar de la religión, porque ésta sería, únicamente, un fruto más de nuestra capacidad imaginativa. Por Yaiza Martínez.
Sólo los seres humanos practican la religión porque son los únicos seres vivos de la Tierra con una imaginación evolucionada, señala el antropólogo de la London School of Economics and Political Science (LSE británica, Maurice Bloch).

Bloch, autor de libros como Cultura escrita en sociedades tradicionales o La violence du religieux, argumenta que, en primer lugar, el ser humano desarrolló la arquitectura cerebral necesaria para imaginar cosas y seres que no existen físicamente, así como la posibilidad de que haya algún tipo de vida tras la muerte.

Después, gracias a esa capacidad de nuestra imaginación, generamos una forma de interacción social imposible para el resto de las criaturas del planeta: sólo los humanos pueden mantenerse unidos a sus grupos sociales a través de lo que Bloch denomina “lo social trascendental”, un fenómeno que nos permite unificarnos con grupos humanos.

Roles esencializados.

En un artículo publicado por la revista especializada Philosophical Transactions of the Royal Society B, Bloch explica que el comportamiento trascendental también nos permitiría seguir los códigos de conducta idealizados asociados a las religiones.

Añade que para que este fenómeno “social trascendental” perdure y resulte efectivo, debe tener la habilidad de mantenerse vivo durante mucho tiempo en la imaginación de un grupo social determinado (Bloch habla de diversos tipos de grupos, desde clanes a naciones enteras).

Según el antropólogo, un individuo puede formar parte de ese grupo transcendental, o de un país, incluso aunque jamás entre en contacto con alguno de sus miembros. Además, este tipo de grupos incluye por igual tanto a los vivos como a los muertos.

“La red trascendental puede, sin ningún problema, incluir a los muertos, a los ancestros y a los dioses, así como a los sustentadores vivos de los roles y a los miembros de grupos esencializados”, escribe el antropólogo.

Bases neuronales.

Las bases neuronales necesarias para que se dé esta interacción social habrían dependido del propio desarrollo de la imaginación, que apareció en nuestra especie durante la Revolución del Paleolítico Superior, hace entre 40 mil y 50 mil años.

Por esa época, las herramientas que usaban los humanos pasaron de ser primitivas y monótonas a convertirse, repentinamente, en sofisticadas. El arte comenzó a aparecer en las paredes de las cuevas, y los enterramientos empezaron a incluir objetos cuya presencia sugiere que ya se creía en la vida después de la muerte. Una vez que los humanos traspasaron esta línea, no hubo vuelta atrás.

Esta nueva capacidad, publica la revista Newscientist, no la compartimos con ningún animal, ni siquiera con nuestros parientes más cercanos, los chimpancés.

Por eso, sus relaciones sociales se limitan a la lucha cotidiana por el estatus y los recursos. La razón para esta limitación: no pueden imaginar nada más allá de su círculo social inmediato, ni pueden viajar con la mente hacia el pasado o el futuro, como hacen los humanos.

Papel de la religión.

Para Bloch, en el contexto de lo social trascendental, la religión sería sólo una manifestación de nuestra capacidad única para formar lazos con entidades o personas que no existen o que se encuentran distantes e, incluso, con sistemas de valores.

“Los fenómenos religiosos o similares, en general, son una parte inseparable de una adaptación clave exclusiva del humano moderno: nuestra capacidad para imaginar otros mundos. Defiendo que esta adaptación es la verdadera base de la sociabilidad en la sociedad humana moderna”, escribe el científico.

Desde la antropología, la religión se ha estudiado en general desde una perspectiva funcional. Desde este punto de vista, las funciones más elementales del hecho religioso definidas por la antropología han sido la capacidad que otorga para interpretar el mundo (origen, sentido, destino…), la estabilidad social que comporta (sacralización de la familia, del trabajo, de la autoridad…), la función económica y de control y, por último, la función psicológica o de estabilidad emocional en lo que respecta a los individuos.

La perspectiva de Bloch contrasta con estas funcionalidades: la religión se origina en nuestra imaginación. Según el investigador, además, una vez que nos damos cuenta de la omnipresencia de lo imaginario en lo cotidiano, no queda nada particular que explicar sobre la religión, porque ésta sería un fruto más de nuestra capacidad imaginativa.
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Extraído de Tendencias 21

Metallica

“Fade to black”

Descubierta la necrópolis de Medina Elvira.

Importantes avances se han producido durante el último año de investigación en torno a los yacimientos arqueológicos de Medina Elvira, en Atarfe. Así ha que dado demostrado en la presentación de la V fase del Proyecto de Investigación "La Ciudad de Medinat Ilbira", hecho público ayer en Atarfe por el catedrático de historia medieval y director de las excavaciones, Antonio Malpica Cuello, y la teniente de alcalde y directora de la Oficina de Excavaciones, Francisca Fuillerat.

Al acto asistieron más de un centenar de personas, entre científicos extranjeros, profesores y especialistas en historia.

La expresión más rotunda fue de Fuillerat, para la que "Medinat Ilbira está muy viva, y además ahora cumplirá mil años, por lo que queremos estar, por derecho propio, en el proyecto del Milenio".

El profesor Malpica señaló que durante los siete años de excavaciones e investigación los resultados son muy importantes. El descubrimiento de la mezquita, en el Pago de las Monjas, ha posibilitado detectar varias bolsas con restos de extremo valor y anunció como primicia la detección de una gran Necrópolis tardo antigua (de la primera época árabe, siglo IX) junto a la mezquita y que a su entender aportará ingente información y millares de restos arqueológicos. "Es por ello que hay que proteger cuanto antes este yacimiento y anexionarlo a la zona del BIC", aseguró el científico.

Las prospecciones indican que en las inmediaciones existen bolsas con grandes estructuras: un barrio completo de viviendas árabes, restos romanos y núcleos poblacionales de una época posterior, que podría ser mozárabe, lo que corroboraría muchas teorías del profesor Gómez Moreno.

También propuso Malpica la necesidad de firmar un convenio entre la Universidad de Granada, el Ayuntamiento de Atarfe y la Junta de Andalucía para poner en activo los descubrimientos y vincularlos a los máster nacionales que sobre historia medieval se imparten en la Universidad de Granada. También se refirió a la necesidad de crear un Centro Permanente de Recuperación para poner en valor los restos y crear una unidad de investigación para blindar los yacimientos, realizar una programación a largo plazo e iniciar los procesos de recuperación. "Medinat Ilbira será el yacimiento del siglo para toda Europa" concluyó Malpica.

A la presentación acudieron los científicos Pierre Guichard, profesor de la Universidad de Lyon, Sauro Gelichi por la Universidad de Venecia y el investigador y arqueólogo Richard Hodges. Después se inauguró la muestra Hace ya mil años, la ciudad de Medinat Ilbira.
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Extraído de Granada Hoy

domingo 7 de junio de 2009

Los arqueólogos estudian si los restos pertenecen a los fenicios o son indígenas.

Los arqueólogos que se encuentran trabajando en Ayamonte, tras hallar restos de la protohistoria, posiblemente correspondiente al año 900-1000 A.C., tratarán ahora de delimitar si estos restos son de una colonia que nace con los fenicios o es inicialmente indígena. Según el arqueólogo de la Junta de Andalucía, José María García, que ha estado trabajando en el terreno, estos restos, "que parece que corresponden a una ocupación debido a la cercanía de carbones", deben ser ahora estudiados para establecer "si son los indígenas los que se suman a los fenicios o, por el contrario, los indígenas son los que reciben a los fenicios".

García aseguró así que "la raíz indígena parece ser más fuerte" y estableció su periodo histórico en el Siglo VIII ac, "posiblemente", así como indicó que este poblamiento continuado "podría tener más de 3.000 años".

Este hallazgo, según señaló el arqueólogo, es "muy novedoso en el mundo protohistórico y para la ciudad de Ayamonte, una localidad con solera en una encrucijada importante junto al Atlántico y al Guadiana que ha servido para que todas las civilizaciones se estableciesen".

Asimismo, José María García recordó que hace un año se descubrió una necrópolis fenicia cerca de donde se encuentra ahora este hallazgo, en la calle Galdames, en el centro histórico de Ayamonte, que apareció mientras se trabajaba en obras de saneamiento y servicios dentro del Plan E. García, que acudió al lugar tras recibir el aviso del Ayuntamiento de Ayamonte de que habían aparecido unos restos, aseguró que pudo apreciar "restos de una necrópolis, unos carbones" pero dejó claro que en una primera impresión "se puede reconocer poca cosa".

Las cerámicas encontradas, de la época protohistórica, "son indígenas y fenicias", lo que hace pensar quiénes se establecieron originalmente en el asentamiento porque, "pese a que los materiales fenicios son más numerosos, no sabemos qué pesa más y si los indígenas estaban ahí antes".

Si fuera un poblamiento continuo "sería algo novedoso para Ayamonte, ya que demostraría que el origen de la Villa es más antiguo de lo que ahora se pensaba". Así, el arqueólogo aseguró que "la investigación está empezando y un año de trabajo en arqueología es muy poco", por lo que apuntó que la información exacta de lo que se encontró ayer deberá hacerse en un tiempo.
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Extraído de Huelva Información