miércoles 21 de marzo de 2012

Investigación con satélites: descubren 4.000 asentamientos humanos prehistóricos desde el espacio.


Sin necesidad de pisar el terreno con la piqueta, sino con un instrumento a más de 680 kilómetros de altitud sobre la Tierra, un equipo de investigadores de la Universidad de Harvard ha logrado identificar más de 14.000 asentamientos humanos prehistóricos en la región del noreste de Siria, donde hace miles de años se situó la civilización mesopotámica.
Los investigadores, Bjoern H. Menze y Jason A. Ur, han utilizado un radiómetro llamado ASTER, que está instalado en el satélite Terra de la NASA, lanzado en 1999 al espacio. Gracias a la gran resolución captada por sus imágenes (de 15 metros), Ur y Menze han conseguido identificar un total de 14.312 asentamientos humanos montados durante los últimos 8.000 años.
Para ello, han determinado las características que debían presentar los suelos que han sufrido actividad humana, así como la huella de infraestructuras del pasado en un área de 23.000 kilómetros cuadrados al norte de Siria, pero sin necesitar de visitar un país que en estos momentos sufre una cruenta represión hacia la población de sus dirigentes.
Sin embargo, fue en esa tierra, el llamado Creciente Fértil, donde hace miles de años los primeros seres humanos comenzaron a asentarse y a dedicarse a la agricultura y a la ganadería para alimentar a una población en aumento. Hoy, de aquel pasado remoto, quedan las pequeñas colinas (tell, en árabe) que fueron sus campamentos de adobe y cierta decoloración en la superficie terrestre producida por los cultivos, que ha captado ASTER desde más allá de la atmósfera.
No es la primera vez que los satélites son de ayuda para los arqueólogos. Juan José Ibáñez, del Instituto Milá y Fontanals (CSIC) es uno de ellos. Dirigía en Siria, hasta que estallaron las revueltas, un proyecto de excavación cerca de Homs: un yacimiento de cazadores/recolectores de hace 12.000 años y otro de agricultores de hace unos 7.000. Ahora se ha trasladado a Líbano: "Hace 20 años que utilizamos las imágenes del CORONA, que son en blanco y negro. Nos han servido para identificar los 'tell' y las rutas de comercio", explica a ELMUNDO.es.
Fue así como logró identifica 160 yacimientos en Siria, entre ellos los dos que se decidió a excavar. "Es muy importante la información que ofrecen los satélites porque nos indican el tipo de suelos y de vegetación que hay y, además, nos permite hacer estudios sobre cambios ambientales", añade el investigador español.
Ur y Menze también usaron imágenes del CORONA, pero para contrastar la información que recibían de ASTER y comprobar que era fiable, como resultó ser. Así lo publican esta semana en 'Proceedings of National Academy of Science' (PNAS), en un artículo en el que desgranan algunas de las características de estos asentamientos primitivos.

Asentamientos de la Edad de Bronce.

Así, señalan que unos 12.000 yacimientos serían de más de una hectárea (en total, 856 kilómetros cuadrados), lo que equivale al 4% de todo el área estudiada. Destacan el caso de Tell Brak, uno de los asentamientos de la Edad de Bronce, al norte de Mesopotamia, que ya se conocían. Comparando imágenes en intervalos de 50 metros confirmaron que éstas no sólo reflejaban el uso humano del suelo, sino que inclusodeterminaban los perímetros de ciudades que ya no existen.
Los investigadores de Harvard, en concreto del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), reconocen que es imposible determinar exactamente las fechas de los yacimientos, lo que requeriría una excavación como la de Ibáñez, que tendrá que esperar.
Aún así, reconocen que "se ha demostrado que es posible establecer un mapa bastante real de los asentamientos humanos en las llanuras fluviales".
Otro problema que añade Ibáñez es que, hasta ahora, no han dado georeferencias de situación, pero aún así considera que son un instrumento muy útil para estas investigaciones.
Extraído de El Mundo

martes 20 de marzo de 2012

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La diosa íbera de la fertilidad.

Hallada la estela de una divinidad en las excavaciones de Puente Tablas.
Los rituales religiosos del mundo íbero han sido siempre todo un enigma. Parece que en este pueblo prevalecía el culto de las divinidades femeninas, de carácter telúrico, aunque también rendían culto al sol y la luna. Ahora, las excavaciones llevadas a cabo por elCentro Andaluz de Arqueología Ibérica (CAAI) en el oppidumde Puente Tablas, en las cercanías de Jaén, han arrojado luz sobre estos ritos.
Ha sido el descubrimiento de una estela antropomorfa el que ha llevado a los arqueólogos a vincularlo con una diosa íbera sobre la fertilidad. Las excavaciones, según ha explicado el director del CAAI, Arturo Ruiz, han permitido localizar una piedra tallada, muy bien conservada, que mostraba dos brazos con las manos abiertas sobre el vientre y restos de un posible cinturón. Se encontraba justo en el centro de la puerta sur del yacimiento, junto a una pequeña capilla lateral, un corredor que estuvo activo durante el siglo IV antes de nuestra era. “Estamos en condiciones de afirmar que la estela representa, esquemáticamente, a una divinidad, posiblemente femenina y dedicada a la fertilidad”, subraya Ruiz.
Al mismo tiempo, en la segunda fase de las excavaciones, se ha documentado la realización de un ritual de sacrificio de un grupo de 13 cerdos domésticos y tres cabras, probablemente en el caso de las cerdas de hembras preñadas, enterradas bajo una cista de piedra, en la que se dispusieron posteriormente dos mandíbulas también de cerda, que se cubrieron con dos grandes piedras cúbicas. Podría tratarse de un ritual de fundación ofrecido a la divinidad representada en la piedra.
Pero los hallazgos de los arqueólogos también han tenido un componente esotérico. Y es que se ha constatado que la puerta sur deloppidum de Puente Tablas tiene una orientación al este, que coincide exactamente con la salida del sol en los equinoccios, momento en el que llega la luz por la puerta hasta la imagen de la divinidad. Para contrastar experimentalmente esta posibilidad, que está siendo asesorada por el doctor Manuel Pérez, de la Escuela Politécnica de Ávila (Universidad de Salamanca), el equipo arqueológico del CAAI ha levantado un dispositivo que recrea las sombras y luces de la puerta, reproduciéndose en cartón a escala 1:1 la imagen de la estela para constatar, desde su posición original, la recepción de las primeras luces de la mañana del sol durante los días en torno al equinoccio de primavera. “Esto sería indicativo de un rito de celebración a la divinidad, seguramente de fiesta, asociado a la fertilidad y a la agricultura”, apunta el profesor Manuel Molinos, subdirector del CAAI.
Los arqueólogos de este centro, con sede en la Universidad de Jaén, han explicado que este rito se reproduce en diversos puntos del Mediterráneo, en países como Italia o Grecia, y dentro de la península en la propia provincia de Jaén, en el santuario ibero de Castellar, así como en Oriente Próximo, “porque no hay que olvidar la relación existente con los iberos a través del mundo fenicio”, precisa Ruiz.
Este descubrimiento se complementa con otro reciente de una inscripción en el santuario ibero de las Atalayuelas en Fuerte del Rey, dedicada a una divinidad denominada Betato o Betatus. “Se puede tratar de una diosa femenina, con ofrendas como la de Puente Tablas, con el santuario también en la misma fortificación, por lo que muy posiblemente estemos ante la misma divinidad y empecemos a conocer el mundo de la religión ibérica, que hasta ahora nos era desconocido tanto en nombre de dioses, como en ritos dedicados a ellos”, expone Arturo Ruiz.
Esta segunda fase ha permitido excavar un corredor monumental construido con mampostería de piedra, enmarcado entre dos muros, que en algún punto alcanzan los dos metros de altura, y tiene un recorrido de 15 metros y un ancho de 3,5 metros. En los próximos meses se acometerá la fase de restauración, con el alzado de las dos torres de la puerta, que se desarrollará bajo la dirección del arquitecto Pedro Salmerón Escobar.
Extraído de El País (Cataluña)

Luz a los dioses precristianos.

Hallado en Coirós un santuario en el que se ven las figuras según la posición del sol.
Han pasado más de dos décadas desde que el arqueólogo Antón Malde se topó por azar con una figura femenina, de rasgos toscos pero expresivos y sexo exacerbado, esculpida en bajorrelieve sobre una roca del cerro de Pena Furada, en el ayuntamiento coruñés de Coirós. Ahora, después de una primera intervención realizada el pasado año, se ha revelado que no se trata de una incisión aislada, sino que forma parte de un monumental y complejo santuario, fechado entre los últimos siglos antes de Cristo y los primeros de la era cristiana y que arroja luz sobre el sistema simbólico y religioso de los pueblos galaicos, antes y durante su romanización.
 El hallazgo es relevante por varias causas, relatan Malde y Manuel Gago, doctor en Ciencias de la Comunicación, divulgador y la otra pata de un proyecto arqueológico singular, basado en la participación social. Hasta la fecha la investigación sobre la Edad del Hierro II en Galicia se ha encerrado en los castros, rara vez ha sobrepasado sus muros. En cambio, Pena Furada es un monte, con unos 280 metros sobre el nivel de mar, situado en un área vacía de este tipo asentamientos. Además, el conocimiento sobre las creencias de estos pueblos se limitaba casi a las aras romanas y a las inscripciones en ellas practicadas, pero no abundan las representaciones figurativas de sus dioses ni este tipo de estructuras arquitectónicas. Este yacimiento añade nuevos elementos para una intrincada gramática que solo se está entendiendo “de manera parcial”, en palabras de Gago.
Una de esas novedades, nunca probada en Europa para esta época, es el control sobre la incidencia que la luz solar tiene en el conjunto y las conexiones astrales que plantea. Así, la figura de A Moura —es probablemente una diosa de la fertilidad—, ubicada en un podio, en la parte más elevada del complejo, se revela con toda claridad al mediodía. Sin embargo, el otro antropomorfo, quizás masculino, es más visible hacia el ocaso. Malde está convencido de que no es casual. Tampoco lo es, a su juicio, que la vulva del bajorrelieve sea irradiada por el sol en su máxima intensidad durante el equinoccio de primavera, momento del año ancestralmente celebrado por fiestas y rituales. Ni que a diferencia de la estructura general del santuario, que se desarrolla en un eje norte-sur, esté orientada al oeste, relacionado con el mundo del más allá, según la tesis de Fernando Alonso, que también estudió A Moura.
Al margen de las implicaciones simbólicas —“no le podemos preguntar al druida”, ironiza Malde sobre las dificultades para determinar el uso del complejo—, destaca la concepción arquitectónica y su proceso constructivo. En el noroeste peninsular existen un puñado de santuarios similares, en los que se advierte la influencia romana. Sin embargo, Pena Furada es un caso único porque, explica su descubridor, permite rastrear el paso de una arquitectura informal, a base de materiales perecederos y sin ánimo de permanencia, a otra formalizada, realizada a partir de un proyecto constructivo cimentado en un conocimiento técnico “muy relevante”.
Se trata de un recinto rodeado por fosos y muros y tendente a la regularidad, aunque la orografía impide que la planta sea un rectángulo perfecto. Para llegar a la parte central hay que atravesar por varias puertas sin ningún fin estructural, sino simbólico. Y detrás del podio se construyó un pequeño habitáculo, a modo de balcón con vistas al Monte do Gato, una referencia visual de la zona. Precisamente, para observar esa colina, que acoge restos megalíticos, subió Malde a Pena Furada el día que se encontró por primera vez con el bajorrelieve de la diosa.
Para futuras campañas quedan abiertos varios interrogantes, como el fijar unas cronologías más concretas a partir de las dataciones de los materiales encontrados. Así, una de las cuestiones centrales es hasta cuándo se utilizó el recinto. Malde y Gago sugieren que ya con la cristianización consolidada siguió siendo un referente para los habitantes del lugar. De hecho, la iglesia de Santa María de Lesa, a unos 800 metros, está dedicada a una mártir galaicorromana con reminiscencias de A Moura, ya que se le atribuye una extraordinaria fecundidad, al haber parido simultáneamente a nueve hijos. En cualquier caso, la zona mantiene un halo de misterio; nunca fue ocupada ni utilizada con fines agrícolas, y los investigadores detectaron reticencias de los lugareños a hablar sobre ella.
Con todo, los hallazgos arqueológicos no son lo único singular de este proyecto. Sus responsables propugnan un modelo de arqueología distinto al tradicional, en el que la sociedad se implique directamente. Por ello, en la intervención de 2011 —trabajos de limpieza, todavía no se ha excavado— participaron cerca de 50 personas, convocadas por internet, además de operarios del Ayuntamiento de Coirós. El objetivo es que la ciudadanía “se apropie del espacio” y se involucre emocional e intelectualmente con el patrimonio, del que ahora vive “alejada”. Y en ese camino la Red es instrumento básico; durante la intervención transmitían sus pasos en tiempo real en las redes sociales, y en su web (www.penafurada.net) vuelcan los resultados obtenidos –textos explicativos, vídeos, fotos--. Un ejemplo de que la “socialización del conocimiento” es viable.

En busca del misterio de los númidas.

Arqueólogos catalanes desentierran en las ruinas de Althiburos, en Túnez, el pasado de los jinetes más famosos de la antigüedad.


“Eorum in equitatu maxima laus fuit”. Su mayor gloria fue la caballería. La palabra númidas conjura la vertiginosa imagen de la caballería ligera más famosa y decisiva de la antigüedad. Los jinetes que ayudaron a Aníbal a convertirse en leyenda, que luego colaboraron resolutivamente a su derrota en Zama y que más tarde cabalgaron junto a César en sus campañas en la Galia. Convertida en indispensable fuerza auxiliar de las legiones, la caballería númida era tan emblemática como los honderos baleares, los arqueros cretenses o los nadadores bátavos. Tito Livio, admirado de su virtuosismo ecuestre los comparó con los desultores del circo, los acróbatas caballistas, por tener la misma capacidad de saltar de un caballo a otro, incluso en pleno combate. ¿Pero quiénes eran esos númidas ágiles y veloces que han dejado un rastro de sobresaltado respeto en el mundo antiguo?
Originarios de Numidia (abundante en feroces leones, decía Plinio), un reino que comprendía partes de Argelia, Túnez y Marruecos, entraron en contacto con los cartagineses, que los usaron como mercenarios (Serge Lancel ha dicho que fueron para Cartago lo mismo que los cosacos para el imperio ruso), y luego con los romanos. Divididos en tribus y facciones, a menudo enfrentadas, los númidas apoyaron a Cartago o a Roma y guerrearon contra una y otra en las Guerras Púnicas. Entre sus caudillos figuran grandes personajes de la antigüedad como Sifax, aliado de Cartago y casado con la desgraciada Sophonisba, entregada por su padre Asdrúbal Gisco; Naravas, inmortalizado por Flaubert en Salambó; Masinisa, amigo de Escipión el Africano, y Jugurta, que tuvo en jaque a la república romana con sus guerras y sobornos.
Las fuentes clásicas nos dan información escasa y confusa sobre el pueblo númida, más allá de su relación con Roma, y la historiografía y la arqueología no los ha tenido muy en cuenta. Así que en realidad son unos grandes desconocidos y si historia está llena de enigmas. A resolverlos en lo posible se dedican ahora sobre el terreno un grupo de arqueólogos de la Universidad de Barcelona (UB) encabezados por Joan Sanmartí que excavan desde 2006 en el yacimiento númido-romano de Althiburos (actual el Medeina), en el noroeste de Túnez, en la provincia de el Kef, a 215 kilómetros de la capital del país y a menos de 50 de la frontera argelina.
Las excavaciones, un proyecto catalano-tunecino en el que colabora el Institut Català d’Arqueologia Clàssica (ICAC), trata de sacar a los númidas de la oscuridad de la historia y de momento ya ha conseguido hacer retroceder su pasado la friolera de medio milenio, hasta al menos el siglo IX antes de Cristo. Alguno puede pensar que la cronología númida no es algo para quitarnos el sueño y menos con la que está cayendo, pero descubrir que hubo una gente en el Magreb que ya se había sedentarizado y construía núcleos urbanos antes del contacto con cartagineses y romanos es un puntazo para nuestra arqueología.
“La idea de excavar allí nació al observar el vacío de conocimientos que tenemos del mundo africano pre romano”, explica Sanmartí en su abigarrado despacho de la UB en el que destaca una vieja reconstrucción de la Acrópolis y la más bien incoherente foto de un grupo de guerreros apaches, entre ellos Jerónimo. “Existe un gran desequilibrio en comparación con lo que sabemos de la historia de la otra orilla del Mediterráneo, situación que tiene que ver con los planteamientos colonialistas con los que se ha trabajado en el Magreb, una arqueología de legitimación de la ocupación occidental que exaltaba y ponía en valor el pasado romano ignorando e incluso ocultando las muestras de civilización autóctona”. En Althiburos, como en la mayor parte del norte de África, esas huellas están bajo las ciudades romanas, si exceptuamos las grandes tumbas reales númidas.
Otra razón que ha llevado a Sanmartí y su equipo a excavar es el interés por estudiar el proceso de formación de los Estados antiguos. La misión de la UB ha aprovechado las buenas relaciones catalanas con Túnez y la receptividad tunecina ante el proyecto, aunque luego se han encontrado con la Primavera Árabe y la revolución que derrocó al presidente Ben Alí, lo que les costó no poder excavar el año pasado. Regresan el próximo día 30.
“De los númidas sabíamos que en la Segunda Guerra Púnica, en el siglo III antes de Cristo ya eran importantes, así que en el siglo IV cuando menos ya debía existir un Estado númida. La Numidia de las fuentes clásicas, como Salustio, es un mundo de grandes monarcas sometido a tensiones y turbulencias sucesorias, que Roma aprovecha y a menudo instiga. ¿Pero qué había antes?”. Le pregunto al estudioso antes de seguir cómo hemos de imaginarnos físicamente a los númidas. “Eran bereberes, paleo bereberes si quieres, hay una continuidad muy clara con ellos, de idioma, de escritura, el amazigh. Su estructura política era de base tribal, no tenían una idea de estado nacional moderno; una serie de grandes señores elegirían a un primus inter pares como rey. Las fidelidades eran variables y fáciles de comprar. Esa propensión a cambiar de bando que observamos en los númidas también se da en los iberos”.
Allthiburos está en un altiplano a casi 800 metros, un lugar muy bonito en el que destacan las ruinas de la ciudad romana, foro, capitolio, teatro. “Excavamos a lado y lado del capitolio, donde podemos; hemos encontrado los niveles antiguos númidas. No hay elementos visualmente espectaculares pero hemos hallado la pared de piedra más antigua de África, descontando las estructuras prehistóricas. Del siglo IX o X a. de C. No conocíamos ni una sola pared númida anterior al siglo III a. de C. Como ves resulta un salto temporal extraordinario”. Sanmartí subraya que se aprecia en la estratigrafía una evolución fluida y una continuidad cultural. “Es el primer paso para hacer una documentación científica de este mundo. Cierto, el interés monumental es muy pequeño, pero hemos llevado a los númidas 500 años atrás en la historia, hasta el siglo X a. de C, medio milenio antes de lo que nos mencionaban las fuentes escritas. Ahora sabemos que eran sedentarios en ese momento tan remoto, cultivaban viña, y luego olivo; no eran nómadas, se habían asentado. Y lo habían hecho puramente por desarrollo propio y no por influencia de Cartago. Había empezado el camino hacia estructuras estatales”.
Le pregunto a Sanmartí que habría pasado de no mediar los cartagineses y romanos. “Es una ucronía, ¿habrían desarrollado conceptos de ciudadanía como los del mundo griego y luego romano? No parece, su base era muy tribal, no creo que hubiesen dado lugar a una gran civilización de referencia”. En todo caso, recalca, para un país como Túnez es muy importante descubrir la dimensión histórica de su pasado, aunque también es cierto, matiza, que se recela en algunas instancias de los orígenes identitarios amazigh, bereber. Se ve a los númidas como paganos remotos, preislámicos. Más sospechosos que los cartagineses, al fin y al cabo de lengua semita.
Dese el punto de vista humano, Sanmartí está encantado con la experiencia. “La gente en el mundo rural tunecino es muy hospitalaria y amable; conservan identidades tribales”. No considera que los cambios en Túnez hayan traído un clima malo, y es optimista sobre el futuro del país. Los trabajos de la UB, de los que se acaba de publicar un impresionante primer volumen de memoria científica, no acaban en Althiburos: realizan prospección en todo el valle, estudian monumentos megalíticos, quieren excavar un gran túmulo. .. Los viejos jinetes, pues, seguirán revelando sus secretos.

Jerusalén y los restos arqueológicos.

Un artículo muy interesante extraído de CBN (Mundo Cristiano), relata la aparición de una evidencia que pone al descubierto la antigüedad del cristianismo.


“Un examen arqueológico en una tumba intacta del siglo primero en Jerusalén parece ser el registro más antiguo de la fe cristiana. Los expertos han descubierto una serie de osarios de piedra caliza que están grabados con una inscripción en griego y una única imagen iconográfica, unos signos que, según los estudios llevados a cabos, se identifican como “claramente” cristianos.


El trabajo se hizo haciendo tres huecos de 20 centímetros de diámetro en el sótano de lo que hoy es un edificio y metiendo por ahí una especie de brazo que llevaba una cámara, hasta alcanzar la tumba, que está 2,1 metros debajo del suelo.

La tumba.

La tumba está en Talpiot, un suburbio al sureste de Jerusalén. Ahí, cuando se preparaba el terreno para hacer un edificio, en 1981 fueron hallados nueve nichos del siglo I, en los que quedaban ocho osarios.

Ahora, James D. Tabor, responsable del Departamento de Estudios Religiosos de la Universidad de Charlotte, Carolina del Norte, descubrió que en uno de esos osarios hay un dibujo de un pez que tiene un hombre en la boca. Y en otro, una inscripción en griego. Ambas cosas, extrañas a la tradición judía, a la que parecen pertenecer quienes allí estaban enterrados.

El pez, entiende Tabor, es una muy temprana representación de la historia bíblica de Jonás, que pasó tres días adentro de un gran pez y salió vivo a cumplir con los designios de Dios. La historia de Jonás es tomada como una alegoría de la resurrección de Jesús y el pez está presente en las primeras manifestaciones del cristianismo.

La inscripción, cuya interpretación es ardua, hace referencia a que Dios “hace ascender” a alguien a los cielos o que lo levanta de entre los muertos. Tabor sostiene que esto aparece porque se trata de seguidores de Jesús.

“Ni la inscripción en griego ni el pez –escribe Tabor en su informe– tienen precedentes en tumbas judías del período. Nos encontramos frente a una familia o a un clan lo suficientemente audaz como para escribir el nombre de Dios en una tumba, con enunciados sobre “levantarse” o la resurrección. Y una familia que pone la imagen de un pez y un humano, cuando los judíos evitan las imágenes”. El dibujo del pez y la inscripción, agrega Tabor, no fueron hechos por profesionales, a diferencia de los demás, que parecen haber sido comprados, sino “por un miembro de la familia, alguien cercano”. La inscripción en griego, incluso, está entre dos rosetas talladas que sí son profesionales.

Las imágenes de Jonás son habituales en los inicios del llamado arte cristiano y, por ejemplo, se ha hallado en catacumbas romanas. Según han destacado los arqueólogos, los motivos relacionados con esta historia son los más comunes en las tumbas cristianas como símbolo de la esperanza de la resurrección.

El registro más antiguo.

La tumba hallada ahora es anterior al 70 D.C, cuando el osario en Jerusalén se dejó de usar tras la destrucción romana de la ciudad. En consecuencia, si estos símbolos significan lo que los expertos creen, los mismos supondrían el registro arqueológico más antiguo de los cristianos encontrado hasta ahora.

Según los arqueólogos, los grabados fueron hechos, muy probablemente, por algunos de los primeros seguidores de Jesús, pocas décadas después de su muerte.

Además, han apuntado que, en conjunto, la inscripción y la imagen de Jonás son testimonio de la fuerte fe en la resurrección entre los cristianos de esa época. Esto lleva a pensar que la tumba es anterior a la redacción de los evangelios, ha explicado los arqueólogos.

El autor principal de este estudio, publicado en www.bibleinterp.com , James D. Tabor, ha explicado que la mayoría de los eruditos cristianos se muestran escépticos ante cualquier resto arqueológico en un período tan temprano, tal y como ha ocurrido con el descubrimiento de una tumba en 1980 que contenía osarios con inscripciones relacionadas con Jesús y su familia, incluyendo una que dice: “Jesús, hijo de José”.

Al respecto, Tabor ha indicado que “el contexto lo es todo en la arqueología” y ha apuntado que “estas dos tumbas, a pocos metros de distancia, siguen las costumbres de la época y probablemente están relacionadas con una familia rica”.

También han determinado que la tumba que contiene los nuevos descubrimientos es de modesto tamaño y está cuidadosamente tallada en roca en una de las cuevas en las que era habitual enterrar a seres queridos en Jerusalén entre el año 20 D.C y el 70 D.C.”
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Extraído de Alegoría

lunes 19 de marzo de 2012

¿Qué decía la Constitución de 1812?



El 19 de marzo de 2012 se celebra el bicentenario de la Constitución de Cádiz, más conocida como la Pepa. Aparte de ser la primera constitución propiamente española, este texto tuvo gran influencia en todo el mundo y fue considerado un símbolo de libertad.

¿Por qué fue tan importante la Pepa? A lo largo de sus 384 artículos, el texto reconocía por primera vez algunos derechos que, si bien hoy nos pueden parecer básicos, en aquella época supusieron toda una revolución. Por ejemplo, se recogía por primera vez el derecho de propiedad y la inviolabilidad del domicilio particular. Además, se prohibía aplicar penas a los familiares de quien había cometido un delito, y el castigo debía recaer exclusivamente sobre el culpable de los hechos. La tortura estaba prohibida y se articulaba el derecho a la integridad física. La constituciónreconocía la libertad de expresión y de prensa "sin necesidad de licencia, revisión o aprobación alguna anterior a la publicación". Sin embargo, el texto proclamaba a España como Estado confesional, no reconociendo la libertad religiosa, ni tampoco hablaba de derechos de las mujeres ni de sufragio femenino.

En cuanto a la organización política, la Pepa incorporó la separación de poderes y retiró el control absoluto a la monarquía. La soberanía, poder pleno y supremo del Estado, pasa ahora a la Nación. El poder del Rey se vio limitado y sus actos debían ser refrendados por los Secretarios de despacho. Los diputados a las Cortes se elegían mediante sufragio indirecto y para ser candidato era necesario poseer una renta anual procedente de bienes propios. Esto hacía que el Parlamento quedara en manos de las clases acomodadas.

La Constitución de 1812 llegó a tener gran influencia en las ideas constitucionales portuguesas y en las de las viejas colonias españolas, en el surgimiento del Estado italiano e incluso en la Rusia zarista.

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Extraído de Muy Interesante

sábado 17 de marzo de 2012

Proyecto Djehuty del CSIC: un español al rescate del pasado faraónico en Luxor.


La satisfacción se pinta en el rostro de José Manuel Galán cuando muestra, en una vitrina del Museo de Luxor, la 'Tabla del Aprendiz', esa tabilla de madera cuadriculada en la que se ve la figura de un faraón, de frente, y la copia que intentaba hacer un alumno milenario. Galán es el director, el 'mudir' (en árabe), del Proyecto Djehuty del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Hace ya 11 años que este egiptólogo madrileño, que estudió Historia Antigua en la Universidad Complutense, está al frente de la investigación y la restauración de varias tumbas en la colina de Dra Abu el-Naga, el lugar frente al Nilo elegido como necrópolis durante milenios. Al otro lado del río de la vida, el templo de Karnak. Detrás el polvoriento desierto.

Fue allí donde Galán dio con el tesoro que buscaba desde que se empeñó, al terminar su carrera, en dedicarse al arduo camino de la investigación. "Al leer los textos antiguos egipcios en la universidad comprendí todo lo que tienen en común con nuestra cultura, con los ritos religiosos que hoy siguen vivos, con nuestra forma de pensar. Por ello, escribí a varias universidades interesadas en egiptología y acabé en la Universidad John Hopkins, en Estados Unidos", recuerda el egiptólogo.

Ya de vuelta a España, tras doctorarse en Baltimore y pasar un año en Alemania, logró plaza en el CSIC y se puso a buscar un proyecto en Luxor, la ciudad heredera de Tebas, la capital faraónica. El Servicio de Antigüedades egipcio le ofreció investigar dos tumbas de la Dinastía XVIII ya conocidas, pero que nadie había explorado a fondo: la de Djehuty, el supervisor del Tesoro de la reina Hatshepsut, hace 3.400 años, y la de Hery, que vivió 50 años antes y también era supervisor tebano, pero de las cabezas de ganado.

Yacimiento en expansión.

Poco tiene que ver el aspecto actual del yacimiento con el que tenía esta zona hace ahora una década. En campañas de no más de seis semanas al año, Galán y su equipo han ido revelando los secretos que escondían estas tumbas y otras nuevas, con las que no contaban. Además, el poblado que tenían prácticamente encima fue desalojado hace un par de años, dejando vía libre a los investigadores españoles.

Más de un centenar de trabajadores egipcios colaboran cada año en el Proyecto Djehuty, reclutados y dirigidos por el incombustible rais (el capataz) Alí Farouk, que marca el ritmo bastón en mano. Muchos repiten una y otra vez, porque sacan así un dinero que no viene nada mal, más ahora que escasean los turistas por miedo a las revueltas políticas.

Galán, desde un principio, inició un modelo de trabajo que era poco habitual en las excavaciones arqueológicas en Luxor. No buscaba tesoros de oro, su objetivo no era sacar material valioso y marcharse, como tantos otros hicieron a lo largo de los siglos. Quería quedarse, reabrir las tumbas, investigarlas a fondo mientras durara el dinero.

Para contar con el capital necesario, el egiptólogo, precavido, entendió que había que recurrir a empresas privadas que tuvieran algún interés en Egipto, y no quedarse al albur de unos presupuestos públicos demasiado inestables para un proyecto a largo plazo. Primero fue Movistar, luego Caja Madrid, y ahora Unión Fenosa Gas, que se ha comprometido a financiar el proyecto durante dos años, por lo menos.

Los grandes hallazgos.

Enseguida, y para sorpresa de los alemanes que hasta entonces habían tenido la concesión para excavar en Dra Abu el-Naga, comenzaron las sorpresas. A lo largo de los años, a fuerza de picar y sacar escombros, en el exterior encontraron lo que fue el patio anterior a la tumba de Djehuty, sacaron el sarcófago intacto de una mujer (la 'Dama Blanca', como la han llamado); el ataúd del guerrero Iqer, donde fue enterrado este sus bastones y sus plumas; la famosa Tablilla del Aprendiz, de la que se quedó prendado el anterior Ministro de Cultura egipcio; unos pendientes de oro que pertenecieron al ajuar del personaje que fue Djehuty; y hasta los ramos de flores que dejaron al muerto, una tradición que pervive hasta nuestros días.


Dentro de las tumbas, sin embargo, estaba lo mejor. "Hacia 1470 antes de Cristo, Egipto se abrió hacia otras culturas y llegaban oro, mirra, riquezas de muchos lugares que Djehuty supervisaba, y con algo se quedaría. Por ello su tumba, en el pasillo de entrada y la capilla del fondo, tiene unos relieves de una gran calidad e inscripciones de demuestran su dominio de las letras, como si fueran juegos de palabras", explica Galán mientras ilumina con su linterna algunos de los pasajes más hermosos.

Desde hace varias campañas, un grupo de restauradores trabaja a marchas forzadas para pegar los fragmentos que andaban perdidos por la zona y dar nuevo lustre a las impactantes imágenes.

Hay que bajar 13 metros, por un estrecho pozo funerario situado al fondo, para llegar a la cámara sepulcral que Djehuty diseñó para su viaje eterno. "Nunca llegó a usarla, por razones que desconocemos. Al final, dejaron su cuerpo en la antecámara y por ello no fue saqueada", explica el egiptólogo en la penumbra, rodeado de jeroglíficos del Libro de los Muertos.

"Yo soy epigrafista. No quería encontrar oro ni joyas, sino inscripciones. Y aquí tengo mi tesoro: un libro de historia en las paredes y en el techo de la cámara, como si Djehuty hubiera querido envolverse en el texto sagrado". Su dedo recorre los capítulos: ahí la golondrina que le ayudaría a subir y bajar del pozo cada día; más allá, la flor de loto que le permitiría morir y renacer cada día; y la barca en la que viajaría para unirse al Sol tras atravesar la tierra.

Pero Djehuty, como tantos otros, no sobrevivió intacto a los avatares de la historia. Su rostro y el de sus padres fueron destruidos en las estatuas y los grabados. Su ataúd desapareció con su momia dentro.

Momias en círculo.

Una vez en restauración la tumba de Djehuty, el esfuerzo del equipo de excavación se centró en la de su vecino Hery, menos suntuosa, pero también decorada en relieve sobre la piedra. Es la arqueóloga Gemma Menéndez quien se encarga de su estudio. "Hemos encontrado fragmentos en museos de otros continentes, que ya no se pueden recuperar", explica Galán.

También salieron, en la corta campaña de 2011, unas momias situadas en círculo que aún no han sido excavadas totalmente, y que podrían ayudar a conocer qué patologías tenían los antiguos egipcios. Es parte del trabajo que tendrá que esperar a 2013.

Nada puede sacarse del yacimiento. Un inspector del Servicio de Antigüedades vigila cada campaña. No repiten para que no surjan relaciones personales con los investigadores. El de este año es un hombre tranquilo, que sólo interviene cuando llegan visitas. Y es que en Luxor los hallazgos en cualquiera de las 30 misiones arqueológicas extranjeras corren como la pólvora.

Cuando fue desalojado el poblado, y la zona de excavación creció, nuevos pozos funerarios comenzaron a aflorar. Ahora, también se ha intensificado el trabajo en una tercera tumba, la de Baky, otro supervisor real del que esperan grandes sorpresas.

"Al final, nos gustaría sacar todas las tumbas que hay en lo que sería una calle de la necrópolis, y restaurarlas para que fueran visitables por los turistas", explica Galán.

El equipo español.

En la campaña de 2012, han sido 15 los españoles que han participado bajo las órdenes del mudir Galán. Como no pueden sacar las piezas de Egipto, allí, sobre el terreno, tienen que restaurarlas y documentarlas. "Cada uno tenemos una función asignada. Unos excavan, otros seleccionan el material y, finalmente, se restaura", explica Pía Rodríguez Frade, mientras recoge con cuidado restos de linos en los que envolvía una momia.

Protegiéndose del sol en dos jaimas, están las restauradoras. Hermosas jarras de cerámica las rodean. Galán va de un lado a otro, decidiendo los pasos a dar para aprovechar lo mejor posible el escaso tiempo disponible. La jornada en la necrópolis son ocho horas (hasta las tres de la tarde), pero se queda corta.

La tarde queda para recapitular, actualizar la web, escribir en el frondoso patio del realmente modesto Hotel Marsam, donde se reúnen egiptólogos de todo el mundo.

Este año, realmente fructífero, ha compensado el anterior, cuando las revueltas de la Primavera Árabe les obligó a suspender, por seguridad, las excavaciones. Sin embargo, este año, los ecos de la manifestaciones en El Cairo se han perdido en el desierto y el trabajo ha terminado sin incidentes.

Ya de vuelta a su despacho, Galán, como el resto del equipo, tiene 11 largos meses por delante para seguir recomponiendo el 'puzzle' de un pasado cuyos dioses recuperan su brillo a golpes de piqueta.
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Extraído de El Mundo

viernes 16 de marzo de 2012

El ser humano ya causó la extinción de especies hace 100.000 años.


Las olas de extinciones que se produjeron hace 100.000 años, que eliminaron a algunos de los animales más grandes del mundo, fueron causadas por el ser humano y el cambio climático, según una nueva investigación de la Universidad de Cambridge, publicada en la revista PNAS.

Mediante el examen de la extinción ocurrida durante el Cuaternario tardío (hace 700.000 años), pero centrándose principalmente en los últimos 100.000 años, los científicos han sido capaces de evaluar la importancia relativa de los diferentes factores que causaron la extinción de gran parte de la megafauna terrestre del mundo -los animales de 44 kg, o más. Estas extinciones incluyen a los mamuts de Norteamérica y Eurasia, los mastodontes y los perezosos gigantes de las Américas, el rinoceronte lanudo de Europa, los canguros y wombats gigantes de Australia, y las moas gigantes (aves no voladoras) de Nueva Zelanda.

Los investigadores utilizaron datos de un núcleo de hielo de la Antártida, uno de los más largos registros de funcionamiento de los cambios en el clima de la Tierra- que abarca los últimos cientos de miles de años. También, recopilaron información sobre la llegada de los humanos modernos de África a cinco masas diferentes (América del Norte, América del Sur, la mayor parte de Eurasia, Australia y Nueva Zelanda).

Al realizar un análisis estadístico utilizando tanto la información sobre el clima como el tiempo de llegada de los humanos modernos, los científicos fueron capaces de determinar si el patrón de extinciones se explica mejor por el cambio climático, o por la llegada de los humanos modernos, o ambas cosas, llegando a la conclusión de que fue combinación de ambos lo que causó la extinción.
Los autores creen que la investigación proporciona información detallada sobre las consecuencias de las presiones sobre la megafauna que vive hoy día, incluyendo tigres, osos polares, elefantes y rinocerontes. Según Graham Prescott, estudiante de doctorado en Cambridge y coautor del estudio, "nuestro estudio sugiere que una combinación de la presión humana y el cambio climático fue capaz de causar la extinción de muchos animales grandes en el pasado.

David Williams, también estudiante de doctorado en la universidad, y coautor del estudio, añade que "la pérdida de estos animales ha sido un enigma zoológico desde la época de Charles Darwin y Alfred Russell Wallace. En ese momento, muchos creían que las extinciones no pudieron ser causadas por el ser humano, aunque Wallace argumentaba lo contrario. Ahora, hemos demostrado, 100 años después, que Wallace tenía razón, y que los seres humanos, junto con el cambio climático, han estado afectando a otras especies durante decenas de miles de años, y continúan haciéndolo".
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Extraído de Público

Disposición del Foro de Colonia de Mérida a finales del siglo I de nuestra era.

La presentación del estudio sobre el Foro de la Colonia muestra imágenes inéditas sobre la reconstrucción ideal de este espacio.


«Este es el libro más importante que se ha hecho hasta ahora sobre la arqueología de Mérida». El director del Instituto de Arqueología, Pedro Mateos, define así el estudio elaborado por los arqueólogos Rocío Ayerbe, Teresa Barrientos y Félix Palma sobre el Foro de la Colonia Augusta Emérita, cuyo resultado fue presentado anoche en la Sala Decumanus de la capital autonómica ante un centenar de personas.
La investigación, en la que han colaborado el Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida (del que forman parte los tres autores) y el Instituto de Arqueología junto a especialistas de varias instituciones, se ha recogido en un más que completo volumen editado por el Instituto y financiado por la Consejería de Economía de la Junta de Extremadura, la Asamblea de Extremadura y la Fundación Academia Europea de Yuste.
En la presentación, Mateos recalcó que con este estudio el foro emeritense se convierte en el mejor conocido de toda la Península Ibérica. Pero, además de por sus resultados, la investigación destaca por la colaboración entre instituciones y la creación de equipos multidisciplinares. Todo ello da como fruto un trabajo que está llamado a ser el referente de la arqueología emeritense a lo largo de los próximos años.
Una nueva idea de ciudad.
El trabajo de los tres arqueólogos establece que en los primeros decenios de su existencia la colonia Augusta Emerita contaba con tres recintos monumentales diferenciados. Por un lado, el hasta ahora llamado Foro de la Colonia, con el Templo de Diana como cabecera (probablemente dedicado, en realidad, a Roma o a Augusto); y, más al suroeste, un complejo público (hoy visible bajo el Centro Alcazaba en la calle John Lennon) y un recinto sacro con otro templo (hallado en la calle Viñeros e identificado como una posible réplica del Divo Iulio construido en el Foro Romano en honor a Julio César).
Este complejo ocuparía unas seis manzanas, con 210 metros de longitud por 104 de anchura, con grandes diferencias de cota, lo que se solventaría con importantes trabajos de explanaciones y comunicaciones mediante escaleras.
Sin embargo, en el siglo I d. C. el foro sufre una gran transformación y una ampliación por su lado oriental. Para ello, se adquirió una gran zona de viviendas, que fueron demolidas para dejar paso a un conjunto con dos complejos independientes: un recinto porticado (el actual pórtico del foro de la calle Sagasta, lo que descarta su origen augusteo) presidido por un templo (cuyos restos se encuentran en la calle Baños) y un edificio de carácter público de funcionalidad aún por determinar.
Hacia los siglos IV y V, con la decadencia del Imperio Romano, el área forense cayó en desuso, lo que explica su deterioro y abandono.
En resumen, el estudio de Ayerbe, Barrientos y Palma aporta nuevos datos sobre espacios ya conocidos, identifica dos nuevos templos hasta ahora desconocidos y, lo que es más importante, prácticamente duplica el espacio atribuido al Foro de la Colonia y establece su evolución y ampliación a lo largo de los siglos.
Extraído de HOY